Dicen que cuando los ceibos se acercan al sol estiran sus ramas y se abrazan entre ellos.
La primera vez que conocí a mi bisabuela fue sentada en su mecedora, luego aprendí a reconocerla cuando mi abuela se mecía en su cuarto, por eso tengo una en el mío, para recordarlas.
a falta de zapatos rojos, agarro el expreso hasta la próxima parada